Parroquia San Juan de la Cruz y San Vicente de Paúl

         La Parroquia se erigió canónicamente en el año 1981 con la denominación de San Juan de la  Cruz por el entonces Obispo de la Diócesis D. Jesús Pla. Posteriormente,  las Hijas de la Caridad, comunidad que estaba al frente de los servicios pedagógico-religiosos de los niños en el  Colegio de San José, pidieron que fuera el titular San Vicente de Paúl, fundador de su Congregación. El obispo entonces aceptó a los dos santos como patronos  de la parroquia.

         Comenzó su actividad el invierno de ese mismo año en la capilla del antiguo Colegio de San José, cedida por la Diputación Provincial para este menester, junto con algunas habitaciones que facilitaran los diversos servicios pastorales de la Parroquia; pero con la condición de que todos los gastos que se originaran fuesen a cargo de la misma.

         Hay que recordar que hacía frío en la capilla, pues no tenía calefacción, y los feligreses pusieron estufas de sus casas que más tarde fueron sustituidas por una calefacción de gas. Puesto que cuesta mucho poner en marcha una cosa y hasta que esté funcionando todo son gastos, varias personas se ofrecieron al párroco para costear lo que fuera necesario. Don Miguel Clemente, el primer párroco, recuerda la frase de uno: “D. Miguel, este es el número de mi cartilla; úsela como si fuera suya”.

         La capilla se quedó pequeña muy pronto y se impuso una ampliación que en los años ochenta suponía más de cincuenta millones de pesetas. Pedidos los permisos oportunos a la Diputación, comenzó la obra encargada a la empresa Cubiertas y Mzov, S.A. Durante la ejecución de las obras en el templo, se utilizó para el culto y sacramentos la capilla que gustosamente ofrecieron las RR. Hermanas de la Caridad de Santa Ana en su Colegio de enseñanza.  Hubo que recurrir a los préstamos, avalados por los fieles de la parroquia. Con el dinero de todos se saldó algún tiempo  después la deuda y actualmente muchos cristianos continúan colaborando. Con esta contribución, más tarde se rehicieron las escaleras de entrada debido al deterioro y empinamiento de las mismas. Posteriormente, para facilitar a las personas con dificultades el acceso al Templo, se construyó la rampa lateral. Hace menos años se reformaron y rehabilitaron las salas donde se desarrollan las catequesis, se reúnen los jóvenes, las mujeres de Acción católica, las personas que participan en la Lectura creyente. También han sido remozados los despachos parroquiales y han mejorado las entradas o acceso a las diversas dependencias.

         En los aspectos pastorales-espirituales  se ha de reseñar que pronto comenzaron la celebración de la Misa y de los Sacramentos. Poco a poco, se fueron organizando las Catequesis de niños y adolescentes, la Acción católica, Cáritas, Grupo de jóvenes… De nuevo, varios cristianos responsables se ofrecieron para desarrollar diversos compromisos. Pronto surgieron el rezo diario del rosario en la Iglesia, Jueves sacerdotal, Adoración nocturna…. Siempre ha habido personas que han sabido arrimar el hombro, sin hacer ruido, sin buscar protagonismos, cuando y en lo que ha hecho falta: visita de enfermos, dirigir el rezo del rosario en el templo, cuidado del altar y lavado de manteles, albas, corporales y purificadores.

         El compromiso como catequistas de niños y jóvenes, cantores, músicos, lectores y para otras actividades ha continuado en personas responsables que consideran necesaria su colaboración con  la acción parroquial. Todos ellos saben que son necesarios para MANTENER VIVA LA PARROQUIA. Generaciones nuevas formadas en el centro parroquial han tomado la antorcha para transmitir la luz de Cristo a los más jóvenes. Y así se espera que continúe la cadena.

         Como, por definición, este apunte no pretende ser exhaustivo, hay que terminar constatando que tanto los sacerdotes de la parroquia como las personas comprometidas en la acción parroquial consideran que es importante  vivir y convivir, estar con las personas, compartir sus alegrías y sus penas. El Consejo de Pastoral se esfuerza en presentar a los demás no solo algo (normas, ritos, doctrinas…) sino también a Alguien, que es Jesucristo muerto y resucitado. La fe no es en algo sino en Alguien. Por eso, se intenta que la religión no se quede solo en prácticas religiosas sino que los fieles experimenten un encuentro personal, dialogante y transformador con ese Alguien que se llama Jesús. Esto lleva consigo apostar por aquellos valores en los que Él apostó en su vida y no añorar un pasado irreversible, sino buscar  un futuro mejor y distinto.

         Siguiendo la invitación de Jesús: “Id al mundo entero y haced discípulos míos”, actualmente trabajan en la parroquia diversas generaciones: ancianos y jóvenes, mayores y pequeños.

PARA DIOS TODOS SOMOS ÚTILES Y NECESARIOS